Un déficit que no podemos seguir ignorando

Un déficit que no podemos seguir ignorando

En Cataluña, la seguridad pública vive una paradoja difícil de justificar: mientras la ciudadanía reclama más presencia policial y una atención más cercana, muchas instalaciones del Estado se encuentran en un estado de abandono que no encaja con la importancia de la labor que allí se desarrolla. El caso de la comisaría de la Policía Nacional en Sant Cugat, cerrada desde hace años, es solo uno de los ejemplos más visibles de una situación que se repite en distintos puntos del territorio.

El deterioro de edificios, la falta de mantenimiento y la ausencia de inversiones sostenidas han convertido a muchas dependencias policiales en espacios poco funcionales, cuando no directamente inoperativos. Y esto no es un problema estético: afecta al servicio, a la capacidad operativa y, en última instancia, a la seguridad de todos.

 
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A esta situación se suma un déficit de personal que arrastran tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil. Informes sindicales y asociaciones profesionales llevan años alertando de que Cataluña es una de las comunidades con mayor déficit de agentes respecto a sus necesidades reales. La reposición de efectivos no compensa las jubilaciones, y los concursos de traslado no logran cubrir todas las vacantes.

El resultado es evidente: menos patrullas, menos presencia preventiva y más presión sobre los agentes que sí están en servicio. En zonas urbanas se traduce en tiempos de respuesta más largos; en zonas rurales, directamente en ausencia de patrullas durante franjas enteras del día.

Especialmente preocupante es la situación del SEPRONA, el servicio de la Guardia Civil encargado de la protección del medio ambiente. Cataluña cuenta con un patrimonio natural extenso y vulnerable, y sin embargo el número de agentes destinados a estas funciones es claramente insuficiente. Las patrullas cubren áreas enormes, lo que dificulta la vigilancia de espacios protegidos, la lucha contra los vertidos ilegales o la protección de la fauna.

En un momento en que la sensibilidad ambiental es mayor que nunca, disponer de un SEPRONA fuerte y bien dotado no es un lujo: es una necesidad.

La seguridad pública es un pilar del Estado de derecho. Para que funcione, no basta con exigir profesionalidad a los agentes; es imprescindible ofrecerles medios dignos, instalaciones adecuadas y plantillas completas. La falta de inversión sostenida no solo perjudica a quienes trabajan en estas instituciones, sino a toda la sociedad.

Cataluña necesita un compromiso claro y estable con sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No se trata de un debate ideológico, sino de una cuestión de responsabilidad institucional y de respeto hacia quienes garantizan nuestra libertad y convivencia.

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